El gota a gota, otro nombre para la usura.
Desde hace más o menos cuatro años ha venido creciendo en la ciudad un negocio de prestamistas. Se trata de personajes que prestan dinero con intereses superiores al 10%, y que van por toda la ciudad buscando potenciales clientes; una vez les prestan el dinero, los visitan religiosamente todos los días y les cobran el porcentaje que les corresponde.
El “Mono”,[1] un personaje que vende churros, esos aritos de masa fritos pasados por azúcar que tanto gustan por estas tierras, es una de las numerosas personas que han acudido a este recurso para conseguir dinero prestado, no importándole, al parecer, tener que pagar por ello hasta casi el 20% del valor del préstamo en intereses
Él utiliza este recurso hace más o menos cuatro años, “lo que hace que los ve uno por ahí”. Dice además que nunca los necesitó cuando no los había, “pero uno que es como bobo, yo nunca necesité de eso, pero usted sabe que uno es muy necio y se gasta la plata en juego y mujeres.”
Como a él, a muchos ciudadanos les llegan cada día a sus puertas o a sus carritos de fritos como es el caso del “Mono”, hombres, por lo general jóvenes bien vestidos que, vienen a recoger la cuota del día; se desplazan por la ciudad, la mayoría de ellos en motocicletas y sus herramientas son una libreta de apuntes y una “riñonera” o “canguro” terciado a su espalda, algunos de ellos llevan también consigo armas de fuego.
Felipe está del otro lado, el es uno de esos jóvenes bien vestidos que andan buscando personajes como el “Mono”, su área de trabajo la comprenden la Plaza Minorista y los barrios noroccidentales de la ciudad. Él como muchos jóvenes de la ciudad encuentra ocupación en este negocio. Dice Felipe que él es un simple asalariado más, le pagan semanalmente un salario que está cercano a los $180.000 pesos, además lo proveen de transporte, le entregan una moto de bajo cilindraje y el patrón corre con los gastos de funcionamiento del vehículo.
“A mi me pagan semanalmente, no tengo que gastar en transporte, además la moto mía no la muevo mucho; me queda la platica pulpita. La otra cosa es que tiene que estar muy pilas con los clientes toca visitarlos diario, y también el riesgo de que lo atraquen por ahí a uno, o que no le paguen”, comenta.
Las sumas que suelen ser prestadas, excepcionalmente exceden los $500.000 pesos, pero una vez conseguido el cliente el negocio se hace de la siguiente manera: Se recogen los datos en una tarjeta que tiene cuarenta cuadros que son los cuarenta días a los que se presta el dinero. Y cada cuadro es una cuota y cada una es el tres por ciento de la cantidad prestada, es decir, que después de cuarenta días el cliente habrá pagado el ciento por ciento de la suma, más un veinte por ciento de los intereses. Para mejor decir, si pido prestado un millón de pesos, terminaré pagando en un término de cuarenta días la módica suma de 1´200.000. Pesos.
Ésto, claramente se llama usura y está tipificado en el Código Civil de nuestro país como un delito, y quien lo cometa incurrirá, según dicho código, en prisión de dos a cinco años y deberá pagar una multa de 50 salarios mínimos legales vigentes.
La otra cara de la moneda es la displicencia con la que las autoridades han tratado este tema. Hasta el momento en que termino de escribir este informe no ha sido procesada ninguna persona en la ciudad por el delito de usura, por lo menos el conocido como “gota a gota”.
Y mientras el “Mono” sigue trabajando para pagar los gustitos con sus mujeres y sus traguitos, Felipe seguirá recorriendo la ciudad en su motocicleta en la búsqueda de potenciales clientes que quieran por necesidad o no, ser victimas de la usura.
[1] Los nombres de las fuentes se cambian por petición de los entrevistados.
Desde hace más o menos cuatro años ha venido creciendo en la ciudad un negocio de prestamistas. Se trata de personajes que prestan dinero con intereses superiores al 10%, y que van por toda la ciudad buscando potenciales clientes; una vez les prestan el dinero, los visitan religiosamente todos los días y les cobran el porcentaje que les corresponde.
El “Mono”,[1] un personaje que vende churros, esos aritos de masa fritos pasados por azúcar que tanto gustan por estas tierras, es una de las numerosas personas que han acudido a este recurso para conseguir dinero prestado, no importándole, al parecer, tener que pagar por ello hasta casi el 20% del valor del préstamo en intereses
Él utiliza este recurso hace más o menos cuatro años, “lo que hace que los ve uno por ahí”. Dice además que nunca los necesitó cuando no los había, “pero uno que es como bobo, yo nunca necesité de eso, pero usted sabe que uno es muy necio y se gasta la plata en juego y mujeres.”
Como a él, a muchos ciudadanos les llegan cada día a sus puertas o a sus carritos de fritos como es el caso del “Mono”, hombres, por lo general jóvenes bien vestidos que, vienen a recoger la cuota del día; se desplazan por la ciudad, la mayoría de ellos en motocicletas y sus herramientas son una libreta de apuntes y una “riñonera” o “canguro” terciado a su espalda, algunos de ellos llevan también consigo armas de fuego.
Felipe está del otro lado, el es uno de esos jóvenes bien vestidos que andan buscando personajes como el “Mono”, su área de trabajo la comprenden la Plaza Minorista y los barrios noroccidentales de la ciudad. Él como muchos jóvenes de la ciudad encuentra ocupación en este negocio. Dice Felipe que él es un simple asalariado más, le pagan semanalmente un salario que está cercano a los $180.000 pesos, además lo proveen de transporte, le entregan una moto de bajo cilindraje y el patrón corre con los gastos de funcionamiento del vehículo.
“A mi me pagan semanalmente, no tengo que gastar en transporte, además la moto mía no la muevo mucho; me queda la platica pulpita. La otra cosa es que tiene que estar muy pilas con los clientes toca visitarlos diario, y también el riesgo de que lo atraquen por ahí a uno, o que no le paguen”, comenta.
Las sumas que suelen ser prestadas, excepcionalmente exceden los $500.000 pesos, pero una vez conseguido el cliente el negocio se hace de la siguiente manera: Se recogen los datos en una tarjeta que tiene cuarenta cuadros que son los cuarenta días a los que se presta el dinero. Y cada cuadro es una cuota y cada una es el tres por ciento de la cantidad prestada, es decir, que después de cuarenta días el cliente habrá pagado el ciento por ciento de la suma, más un veinte por ciento de los intereses. Para mejor decir, si pido prestado un millón de pesos, terminaré pagando en un término de cuarenta días la módica suma de 1´200.000. Pesos.
Ésto, claramente se llama usura y está tipificado en el Código Civil de nuestro país como un delito, y quien lo cometa incurrirá, según dicho código, en prisión de dos a cinco años y deberá pagar una multa de 50 salarios mínimos legales vigentes.
La otra cara de la moneda es la displicencia con la que las autoridades han tratado este tema. Hasta el momento en que termino de escribir este informe no ha sido procesada ninguna persona en la ciudad por el delito de usura, por lo menos el conocido como “gota a gota”.
Y mientras el “Mono” sigue trabajando para pagar los gustitos con sus mujeres y sus traguitos, Felipe seguirá recorriendo la ciudad en su motocicleta en la búsqueda de potenciales clientes que quieran por necesidad o no, ser victimas de la usura.
[1] Los nombres de las fuentes se cambian por petición de los entrevistados.
