Wednesday, January 31, 2007

El río Medellín, más que una barrera

“Y el río Medellín que bullía de peces, claro y límpido, se fue muriendo, muriendo, hasta acabar en una turbia alcantarilla.”
Fernando Vallejo.


París, Londres, El Cairo. Por mencionar sólo algunas, son ciudades que se precian de tener un río que, además de servir de eje multimedial para el transporte, sigue siendo precisamente eso, un río vivo y con seres vivos, un espacio que no sólo es el que se encarga de arrastrar en sus caudales lo que la misma tierra produce, sino que también es un referente de ciudad, el lugar donde los ciudadanos se desplazan y confluyen para apropiarse dicho espacio de diversas maneras.

Existió en nuestra ciudad una vez un río, que si bien no era del tamaño del río Sena o del Támesis, era también un río con peces, con recodos que inundaban y regaban de abono la tierra que le circundaba. En sus orillas abundaba la vida, era un verdadero referente espacial y social de la ciudad, mucho más de lo que hoy es.

Apenas a mediados del siglo XIX el ciudadano de a pie pudo cruzar esta barrera natural sin mojarse los pies, desde entonces comienza la verdadera domesticación del río Medellín, primero fue la construcción del puente que cruzaba hacia la Otra banda en el sector de San Benito, el puente de la calle Alameda (hoy calle Colombia) que facilitó el transporte hacia los barrios la América y Robledo, luego siguió el puente de Guayaquil, ese macizo puente que aún hoy esta en pié, construido con cal y canto, que también recortó el viaje a los habitantes de Belén y sus cercanías hacia Medellín.

Más adelante y en pos de la sanidad pública y de mano del progreso, el río iría sufriendo modificaciones, como las acequias y cuelgas hasta terminar en lo que encontramos hoy, casi la totalidad del río que pasa por la ciudad fue canalizado y rectificado.

Con el pasar de los años la vocación del río fue cambiando hasta quedar convertido en una autopista de carácter nacional, ya éste no es más barrera natural, fue convertido en una barrera social y la ciudad le dio la espalda, sólo sobreviven como espacios medianamente públicos el antiguo puente de Guayaquil y un incipiente paseo que recorre algunos cientos de metros a lo largo de la ribera oriental del río.

El río sólo parece recobrar el carácter de espacio de reunión de la ciudadanía durante las noches de ciclovía, y en los meses de diciembre y parte de enero, cuando es utilizado como escenario para los alumbrados navideños. Sin embargo, lo que menos se ve en dichos eventos es el río, en la ciclovía la gente está inmersa en el deporte, en los alumbrados el río es cubierto con un manto de luces que lo trasladan a un segundo plano.

De acuerdo con la arquitecta urbanista y docente de la Universidad Nacional - Sede Medellín, Nora Elena Mesa Sánchez, nuestra ciudad “no ha considerado al río como elemento fundamental para su desarrollo. El río ha estado relegado, porque el tejido urbano está separado de su cauce, porque la ciudad terminó dándole la espalda”, lo que considera un contrasentido del desarrollo de la ciudad.

Y añade que “el río condicionó físicamente el desarrollo de la ciudad, pero ésta no se lo ha reconocido, al menos en sus tramos centrales y más densamente poblados. Merecería ser un hito activo al servicio de su desarrollo. La estructura de la ciudad no revela unas riberas ni unos puentes que vivan el río sobre ellas”.



¿Qué se está haciendo?

Según Jorge Alberto González López, Subsecretario de Metrorío, desde 1996 el río viene siendo una de las mayores preocupaciones de todas las administraciones municipales, pues de los cien kilómetros que recorre el río, sólo tres están libres de contaminación. Además partir del tercer kilómetro, hace algún tiempo la extracción de arena y el vertimiento de las aguas residuales de la ciudad hacían que fuese un río muy contaminado, que en época de verano producía olores muy fuertes. Esta situación fue mejorando gracias a la apertura del centro de tratamiento de aguas residuales San Fernando, ubicada al sur del Valle de Aburrá.
“La Alcaldía de Medellín, con ayuda del Área Metropolitana, ha diseñado un plan de contingencia, que prevé la creación de dos centrales de tratamiento de aguas residuales, así como la prohibición de verter las aguas residuales directamente al río, sin haber tenido un tratamiento mínimo. Vale la pena destacar que a partir de la estación Aguacatala del Metro -la primera al entrar en territorio medellinense por el costado sur- no hay oxígeno en las aguas del río. Además, de las más de cien quebradas y arroyos que desembocan en el río Medellín, sólo hay tres que se consideran puros o con poca intervención humana, todos ellos ubicados al sur del Valle de Aburrá” asegura González López.
Y agrega que la labor de su subsecretaría “consiste precisamente en el manejo integral de cuencas y quebradas, para prevenir y controlar la degradación que amenaza las comunidades asentadas en sus áreas de influencia, así como la intervención con estudios, diseños y construcción de obras hidráulicas”.

Este plan estratégico es respaldado por la ejecución de planes de ordenamiento en microcuencas, intervención de áreas de sus vertientes con obras de reforestación y mantenimiento de plantaciones, recreación, tránsito peatonal, paisajismo y revegetación de taludes, que contribuyen con su preservación y el embellecimiento del espacio público.

Para evitar riesgos hidráulicos y geotécnicos, como consecuencia del desbordamiento de la red hídrica del Municipio en las épocas invernales y su impacto sobre las riberas y áreas de influencia, la Secretaría de Medio Ambiente, en cabeza de la doctora Marta Ruby Falla González y la subsecretaría de Metrorío cuenta con el programa de prevención y control de emergencias, para prevenir, mitigar y corregir estos efectos ambientales adversos y de gran impacto, a través de obras de infraestructura y limpieza de cauces, obedeciendo a un programa de seguimiento y monitoreo constante.

Sus habitantes

El río tiene sus propios habitantes. A raíz del desmantelamiento de las “cuevas” o casas de consumo de drogas psicoactivas en la zona de Barrio Triste, a la altura del sendero ecológico, paulatinamente la población que asistía a estas casas se fue mudando a la ribera oriental del río Medellín.

La Alcaldía de Medellín ejecuta diariamente el programa de atención a los habitantes de la calle de esta zona, algunos de los servicios se los ofrecen en dos carpas, a las que pueden acudir para tener su aseo personal y lavar una muda de ropa diariamente.

El programa parte de la idea de que el habitante de la calle no es sólo el resultado de un problema que tiene que ver con toda la sociedad, y por ello sea responsabilidad de la misma gobernabilidad asumir ese compromiso, “sino que también ser habitante de la calle puede ser una opción, un estilo al que accedes o por el que te decides y eso ya es algo muy personal”, asegura Carlos Noreña, director de Centro Día, entidad encargada de ejecutar el programa en la ribera del río Medellín, para quien el río es una barrera natural, que delimita la ciudad como referente simbólico a través del cual se comienza a marcar la modernidad de la ciudad.

De acuerdo con Noreña, el habitante de calle es un nómada social “que ni siquiera es temporal sino atemporal y me atrevería a decir más que intenso, él cambia el tiempo por la intensidad” comenta.

Para los ejecutores de este programa lo interesante del río es que les permite ubicar y acceder a los habitantes de la calle muy rápido, “en muy poco tiempo podemos llegar a lugares muy concurridos y además es una barrera natural y simbólica, eso les permite a sus habitantes un mundo de sensaciones, por ejemplo, trabarse en el río es algo relevante para ellos porque sienten la ciudad rugir, pero también escuchan la parsimonia del chocar del agua, se conectan con el contexto y se desbordan en subjetividad”.