
Cuando llegue al barrio Belén la nubia tenía yo escasos tres años cumplidos, en aquel entonces Medellín llegaba hasta ese punto y de ahí para atrás estaban largas mangas que hacían parte de antiguas fincas, en sus campos crecían frondosos árboles frutales, y abundaban pájaros de todos los colores, así como historias alrededor de dichos espacios.
Después, con el tiempo, nuestras calles comenzaron a escuchar el estruendo del progreso, llego en volquetas y en retroexcavadoras que sin ningún temor echaron por el suelo los grandes árboles, derrumbando así el hogar de las aves y lo más triste sepultaron esas lindas historias bajo gigantes torres de concreto.
El “progreso” también trajo fenómenos tales como la fiebre por los vehículos y las motos, y nuestras calles pasaron de ser lugar de esparcimiento, a parqueaderos para autos y motos.
Después llego el narcotráfico y convirtió los sueños de bomberos de los niños a batallas con metrallas de plástico, saco a los niños de las canchas de fútbol y los puso en las esquinas, saco a los jóvenes de sus aulas y hogares y los convirtió en mercenarios.
A las niñas las saco de su mundo de muñecas y las puso a anhelar unas “tetas”, para que un buen partido se fijase en ellas.
Por suerte este proceso parece estarce revertiendo, o por lo menos la gente trata de hacer caso omiso a los estragos del progreso.
En mi barrio ahora han vuelto los niños a las canchas, los jóvenes a las aulas, y lo mejor de todo es que de la selva de cemento han surgido nuevas historias y tal vez mucho más importantes que las de las infinitas mangas.
Después, con el tiempo, nuestras calles comenzaron a escuchar el estruendo del progreso, llego en volquetas y en retroexcavadoras que sin ningún temor echaron por el suelo los grandes árboles, derrumbando así el hogar de las aves y lo más triste sepultaron esas lindas historias bajo gigantes torres de concreto.
El “progreso” también trajo fenómenos tales como la fiebre por los vehículos y las motos, y nuestras calles pasaron de ser lugar de esparcimiento, a parqueaderos para autos y motos.
Después llego el narcotráfico y convirtió los sueños de bomberos de los niños a batallas con metrallas de plástico, saco a los niños de las canchas de fútbol y los puso en las esquinas, saco a los jóvenes de sus aulas y hogares y los convirtió en mercenarios.
A las niñas las saco de su mundo de muñecas y las puso a anhelar unas “tetas”, para que un buen partido se fijase en ellas.
Por suerte este proceso parece estarce revertiendo, o por lo menos la gente trata de hacer caso omiso a los estragos del progreso.
En mi barrio ahora han vuelto los niños a las canchas, los jóvenes a las aulas, y lo mejor de todo es que de la selva de cemento han surgido nuevas historias y tal vez mucho más importantes que las de las infinitas mangas.

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