¿Quién es pues Meursault?
“Como si esa tremenda cólera me hubiese curado del mal, vaciado de esperanza, delante de esa noche cargada de presagios y de estrellas, me abría por primera vez a la tierna indiferencia del mundo. Al encontrarlo tan semejante a mí, tan fraternal, en fin, comprendía que había sido feliz y que lo era todavía. Para que todo sea consumado, para que me sienta menos solo, me cabe esperar que el día de mi ejecución haya muchos espectadores y me reciban con gritos de odio”
Con este párrafo concluye una pieza maestra de la literatura del absurdo. El extranjero de Camus está atiborrado de mensajes de desdicha y desazón, parece que nada le importa a un hombre como Meursault, muchas veces pareciera que quiere simplemente no ser, todo parece medirlo con el mismo rasero.
Le otorga la misma importancia a la muerte de su madre que a la desaparición del perro de un señor amargado con el que comparte vecindario, parece un autómata, un ser inerme al que la sola razón de su existir lo tiene sin cuidado.
Ama por costumbre, y mata sin quererlo, pero ante todo y lo más importante, nada es para Meursault lo suficientemente relevante, todo pasa y nada trasciende en la vida de un hombre que podría ser lo más parecido al superhombre del que habla Nietzche, por su amoralidad, la facilidad para pasar de largo por la vida haciendo lo que desea sin medir consecuencias, porque para él las consecuencias siempre serán demasiado fáciles de llevar, especialmente porque ni la vida misma tiene importancia.
Mata a un hombre en una riña con la cual él no tiene nada que ver, es llevado a juicio y parece no importarle la gran probabilidad que tiene de ser ejecutado, pero a la vez a quienes lo juzgan parece importarles mucho más que no haya llorado el día que enterró a su madre que el mismo hecho de haber asesinado a un hombre.
“Pensé que, al cabo, era un domingo de menos, que mamá estaba ahora enterrada, que iba a volver a mi trabajo y que después de todo, nada había cambiado”
La pregunta que me surge es: ¿hasta que punto fue este hombre condenado a muerte por hacer el amor con una mujer el día después de enterrar a su madre, que tampoco hizo siquiera un gesto, y no por el grave hecho de haber asesinado a alguien?
Al leer El Extranjero me parece estar en el mundo del absurdo de la sin razón, parece que para este desdichado hombre nada es tan importante como trasegar a dentelladas por una vida fútil, inútil, sin razón.
Para él no hay nada ni nadie importante, es un hombre sin alma, un hombre que no tiene ni Dios ni ley, más que su convicción de estar purgando la desdicha de existir.
Entonces Meursault es, en esencia un antihéroe, personifica la desaparición de los valores del hombre, degradado por el absurdo de un divagar sin fin alguno, no lo desvelan ni la muerte de una madre, ni el matrimonio, ni la amistad.
De otro lado lo que se rastrea en El extranjero es una crítica directa a la sociedad europea, la desaparición del individuo y la enajenación de las costumbres; para Meursault la felicidad no está en ningún lugar pero si dentro de sí mismo, en la seguridad de su propia existencia.
Desprovisto de todas las bellezas de su Europa de los años treinta, Camus, pareciera adelantársele al tiempo y describe de manera casi perfecta, lo que habría de suceder en Europa luego de la Segunda Guerra Mundial.
Tengo pues en frente, en mi concepto un autor que relata sobre lo absurdo del ser humano, sobre ese camino incesante que emprendemos de una manera u otra. Un camino que lleva irremediablemente hacia el desbarrancadero, por el mismo que sin pensarlo rodó nuestro personaje. Meursault es pues, el títere de ventrílocuo que grita ante lo absurdo de la existencia y el enajenamiento que producen al individuo las doctrinas, es en sí un nadaista.
Saturday, August 12, 2006
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