El tamaño de la miseria.
En la década del treinta del siglo pasado Medellín apenas se configuraba como una ciudad “medianamente” importante, las grandes industrias que ocupan largas extensiones de tierras comenzaron a aparecer en, lo que para entonces fuera, las afueras de la ciudad.
Cerca del barrio Colombia, en los predios de la finca “Las playas” fue fundada la Siderúrgica Medellín S.A, SIMESA, que junto con su vecina, Cementos Argos son tal vez algunas de las industrias que más han aportado al deterioro del aire en el valle de Aburrá.
En la segunda, que hace poco demolió sus silos y apagó sus chimeneas, cuyo lote tiene una privilegiada ubicación, justo en frente del río Medellín a la altura de la calle treinta se está construyendo un modernísimo edificio que albergará la oficina principal de uno de los bancos más ricos de Suramérica, Bancolombia, que es a su vez el propietario de Valores Simesa S.A. que es la empresa que promociona el plan parcial “La gran manzana de Simesa”, que se vende con el nombre de Ciudad del río.
Éste es, en todo el mal sentido de la palabra, un ambicioso proyecto que busca urbanizar el perfecto espacio en el que Medellín podría tener su parque metropolitano como las ciudades “medianamente” importantes.
Justo ahora, que en todo el mundo se habla del apocalíptico calentamiento global, que en las grandes naciones, aunque tarde, se están tomando medidas para contrarrestarlo, en este estrecho y recalentado Valle de Aburrá sus prohombres, los “dueños del letrero” como se dice popularmente, sigan siendo tan arboricidas como cuando se podía y además no se sabía.
La siderurgia es gran emisora de gases contaminantes, la que funcionó en esta ciudad lo hizo de manera continua, contaminado sistemáticamente durante casi 65 años. Ahora, el lote de Simesa y otro grupo de empresas como, Cartón de Colombia, Holasa y otras menos importantes también propiedad del grupo Banconlombia, en un plazo máximo de 20 años será “La gran manzana de Simesa”.
El tamaño total del predio es de 306 mil 216 metros cuadrados, de los cuales “donaron” a la ciudad 60 mil, que son en fin de cuentas los resquicios de tierra que es imposible urbanizar, además porque algún verde habrá que dejarles a los allí vivientes.
Aparte de la bien sabida tacañería e inconciencia de los ricos de esta ciudad, se suma la mala planeación que ha tenido y sigue teniendo Medellín, ¿Cómo es posible que después de que se acaba de realizar el Plan de Ordenamiento Territorial – POT – , no se halla destinado este gran lote a un parque Metropolitano? Especialmente, cuando más falta nos hace, entre otras causas, porque debido a la contaminación generada por industrias como las que antes mencioné, los habitantes de la tacita de te nos hemos mudado a una de smog. Además desde el mero punto de vista estético para adornar el baluarte del empresariado antioqueño hubiera sido mucho más admirable un gran jardín, un jardín del tamaño de “La gran manzana de Simesa”, un jardín que estuviera acorde con el tamaño de sus arcas
No esperaré nunca nada de los más ricos de los ricos, pues por algo lo serán, pero sí me remuerde su inconciencia, la incapacidad de ver más allá del beneficio de sus ya bien hinchados bolsillos.
Con un parque, el resto de los medellinenses les hubiéramos quedado altamente agradecidos, hubiera sido grato poder pasear por el parque de Medellín con los sobrinos, pero por un parque de verdad, no uno de esos parques de media cuadra a la que nos hemos acostumbrado a tener en esta ciudad, parques que han sido concebidos como unos pequeños comodines y no como espacios de encuentro. Y lo más importante, por estos días tan calurosos, nos proporcionaría el oxígeno que durante muchos años las sucias chimeneas echaron al traste.
En la década del treinta del siglo pasado Medellín apenas se configuraba como una ciudad “medianamente” importante, las grandes industrias que ocupan largas extensiones de tierras comenzaron a aparecer en, lo que para entonces fuera, las afueras de la ciudad.
Cerca del barrio Colombia, en los predios de la finca “Las playas” fue fundada la Siderúrgica Medellín S.A, SIMESA, que junto con su vecina, Cementos Argos son tal vez algunas de las industrias que más han aportado al deterioro del aire en el valle de Aburrá.
En la segunda, que hace poco demolió sus silos y apagó sus chimeneas, cuyo lote tiene una privilegiada ubicación, justo en frente del río Medellín a la altura de la calle treinta se está construyendo un modernísimo edificio que albergará la oficina principal de uno de los bancos más ricos de Suramérica, Bancolombia, que es a su vez el propietario de Valores Simesa S.A. que es la empresa que promociona el plan parcial “La gran manzana de Simesa”, que se vende con el nombre de Ciudad del río.
Éste es, en todo el mal sentido de la palabra, un ambicioso proyecto que busca urbanizar el perfecto espacio en el que Medellín podría tener su parque metropolitano como las ciudades “medianamente” importantes.
Justo ahora, que en todo el mundo se habla del apocalíptico calentamiento global, que en las grandes naciones, aunque tarde, se están tomando medidas para contrarrestarlo, en este estrecho y recalentado Valle de Aburrá sus prohombres, los “dueños del letrero” como se dice popularmente, sigan siendo tan arboricidas como cuando se podía y además no se sabía.
La siderurgia es gran emisora de gases contaminantes, la que funcionó en esta ciudad lo hizo de manera continua, contaminado sistemáticamente durante casi 65 años. Ahora, el lote de Simesa y otro grupo de empresas como, Cartón de Colombia, Holasa y otras menos importantes también propiedad del grupo Banconlombia, en un plazo máximo de 20 años será “La gran manzana de Simesa”.
El tamaño total del predio es de 306 mil 216 metros cuadrados, de los cuales “donaron” a la ciudad 60 mil, que son en fin de cuentas los resquicios de tierra que es imposible urbanizar, además porque algún verde habrá que dejarles a los allí vivientes.
Aparte de la bien sabida tacañería e inconciencia de los ricos de esta ciudad, se suma la mala planeación que ha tenido y sigue teniendo Medellín, ¿Cómo es posible que después de que se acaba de realizar el Plan de Ordenamiento Territorial – POT – , no se halla destinado este gran lote a un parque Metropolitano? Especialmente, cuando más falta nos hace, entre otras causas, porque debido a la contaminación generada por industrias como las que antes mencioné, los habitantes de la tacita de te nos hemos mudado a una de smog. Además desde el mero punto de vista estético para adornar el baluarte del empresariado antioqueño hubiera sido mucho más admirable un gran jardín, un jardín del tamaño de “La gran manzana de Simesa”, un jardín que estuviera acorde con el tamaño de sus arcas
No esperaré nunca nada de los más ricos de los ricos, pues por algo lo serán, pero sí me remuerde su inconciencia, la incapacidad de ver más allá del beneficio de sus ya bien hinchados bolsillos.
Con un parque, el resto de los medellinenses les hubiéramos quedado altamente agradecidos, hubiera sido grato poder pasear por el parque de Medellín con los sobrinos, pero por un parque de verdad, no uno de esos parques de media cuadra a la que nos hemos acostumbrado a tener en esta ciudad, parques que han sido concebidos como unos pequeños comodines y no como espacios de encuentro. Y lo más importante, por estos días tan calurosos, nos proporcionaría el oxígeno que durante muchos años las sucias chimeneas echaron al traste.

1 comment:
espero este año seas feliz.
que bueno que volviste a escribir.
Natyblooming
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