Ojalá no llegue el día.
“El día de morir ya paso, el día de la muerte fue hace dos días que me le iba a aventar al Nenchí”
Dos meses antes de oírle pronunciar estas palabras, lo ví salir de casa con sus alforjas ajadas por el sol y cuarteadas por el sudor del lomo de su mula parda, llevaba también su sombrero alón y su infalible poncho blanco a rayas, así como su adorado carriel jericuano, ese mismo que brilla y tiene mas bolsillos que el chaleco de un fotógrafo.
Salio como de costumbre, antes de que rayara el alba, siempre ha sido una persona de madrugar a frentiar el corte, como dice él. Se dirigía a su terruño, en el mismo que desde hace tres décadas trabaja incansablemente para sacar adelante a mi madre su amada y a nosotros, sus hijos.
La finca está ubicada en una zona casi indómita, entre los municipios de Yarumal y Anorí, el primero lechero, y el segundo, hasta hace un par de lustros, aurífero, hasta que llegó la coca. Pero su terruño siempre estuvo aislado de esas nuevas formas fáciles de conseguir dinero, las mismas que han arrasado con nuestros campos. En su tierra siempre ha habido, ganado y caña, la misma que hace moler el trapiche de sus amores.
Siete horas hay por un camino tortuoso entre Medellín y Anorí, eso cuando el invierno no ha anegado la vía que los conecta. Cuando llegó como de costumbre, llamó a su casa a decir que había llegado sano y salvo, y emprendió el camino que sigue entre Anorí y su finca. Hasta ese momento tuvimos contacto con él. Pasó una semana hasta que el mayordomo de la finca llamó a mi hermano con vos temblorosa y le dijo, lo que, por la situación y los riesgos a que se enfrentaba mi padre, de una manera u otra, esperábamos que algún día sucediera.
“Don Jaime a su papá lo secuestraron”, dijo la vos entrecortada del otro lado de la bocina. “Nosotros bajábamos a llevar la plata que los elenos le habían pedido a su papa y allá lo dejaron”
Desde ese momento y durante dos meses, mi familia y yo pasamos una de las penas más grandes que la familia, como núcleo de una sociedad puede sufrir. Esa misma pena que según la presidencia de la republica, desde que comenzó el 2006 año hasta el 31 de mayo, están pasando 108 familias en todo el país, y eso sin contar los miles que aún siguen en cautiverio, desde quien sabe cuantos años.
De vuelta a Anorí, pueblo encumbrado en una de esas montañas alejadas en Antioquia. En donde, como dice el adagio popular, “muchos nacen pero pocos se crían”. Allí precisamente fue donde nació el Ejército de Liberación Nacional ELN, después del asesinato a manos del estado, de unos tales hermanos Vásquez Castaño.
Este precisamente fue el grupo que retuvo a mi padre, el mismo que según el GAULA tiene retenidos en esa misma zona a cerca de diez comerciantes. La gente los conoce como los elenos.
Esos mismos que están tratando de negociar una escurridiza paz con el gobierno, los mismos que prendieron candela a un pueblo entero cuando dinamitaron un oleoducto, esos mismos que tenían a un cura por comandante.
En fin que después de comidas todas las uñas y flaco de no comer, al noveno día de cautiverio llamaron a mi casa y preciso, me cogieron solo, eran eso de las ocho de la mañana y yo estaba aún entre dormido. “buenas mire, lo llamamos del Ejercito Nacional de Liberación ELN, es que nosotros tenemos retenido a su papá, llamó es haber como podemos arreglar pues pa´ entrégaselo”.
De ese momento en adelante comienza lo peor de este cuento. La negociación es la parte donde mas se apoderan de las pobres familias, amedrentan al que conteste y si lo cogen de capa caída, ese teléfono que uno tiene en la oreja, lo siente como un fusil AK 47 en la cien, se aprovechan del poder de la palabra y te dejan inmovilizado.
Afortunadamente en nuestro caso, hicimos todo un trabajo de inteligencia con mi familia y llegamos al acuerdo que el quien a llevar la negociación sería Néstor mi hermano. De ahí en más el estuvo al frente de ellos y nosotros haciéndole barra pa´ que no se dejara amedrentar.
Llamaban cuando les daba la gana pedían lo que les daba la gana, y eso si, decían las cosas de la manera mas simple pero también de la mas intimidante.
Así se pasaron los dos meses de cautiverio ellos jueguen con uno y uno resé lo que se sepa. Creo que conocí los santos que usted no se pueda imaginar, y no solo santos, desde ese tiempo tengo muchos elefantes pequeñitos en la pieza que por que son de buena suerte, tengo también un atrápasueños para las pesadillas que me atracaban a media noche, y además hasta un beato paisano mió, a marianito.
Ellos creían estar recateando como turcos por un trozo de marfil, nosotros teníamos para dar por la vida de mi padre un mísero trozo de marfil, pero querían tres de estos, el problema grave fue que no los teníamos. Y así el tira y afloja hasta que conseguimos la liberación por papá, como hacen, según el GAULA, el 98% de las familias de secuestrados.
El 20 de mayo nos fuimos todos hacia Yarumal, la entrega se haría en un corregimiento cercano, como no queríamos dar papaya, como dice el dicho, enviamos un carrito campero de un señor que trabaja por la zona a su encuentro, la espera fue terrible hasta que de pronto. Ring ring, sonó el teléfono, que hubo mijo dijo una vos quebrada de llanto del otro lado de la bocina, era él mi papa.
Vayan bajando que en 15 minutos estoy llegando, raudos y veloces salimos a su encuentro, ahí viene grito mi hermano, estábamos en una carretera destapada donde no se veía ni para conversar como diría mi papa, pero ahí estaba él, apenas vio a su familia reunida lloro y grito de la emoción, cundo me abrazo, me dijo al oído. “El día de morir ya paso, el día de la muerte fue hace dos días que me le iba a aventar al Nenchí”
“El día de morir ya paso, el día de la muerte fue hace dos días que me le iba a aventar al Nenchí”
Dos meses antes de oírle pronunciar estas palabras, lo ví salir de casa con sus alforjas ajadas por el sol y cuarteadas por el sudor del lomo de su mula parda, llevaba también su sombrero alón y su infalible poncho blanco a rayas, así como su adorado carriel jericuano, ese mismo que brilla y tiene mas bolsillos que el chaleco de un fotógrafo.
Salio como de costumbre, antes de que rayara el alba, siempre ha sido una persona de madrugar a frentiar el corte, como dice él. Se dirigía a su terruño, en el mismo que desde hace tres décadas trabaja incansablemente para sacar adelante a mi madre su amada y a nosotros, sus hijos.
La finca está ubicada en una zona casi indómita, entre los municipios de Yarumal y Anorí, el primero lechero, y el segundo, hasta hace un par de lustros, aurífero, hasta que llegó la coca. Pero su terruño siempre estuvo aislado de esas nuevas formas fáciles de conseguir dinero, las mismas que han arrasado con nuestros campos. En su tierra siempre ha habido, ganado y caña, la misma que hace moler el trapiche de sus amores.
Siete horas hay por un camino tortuoso entre Medellín y Anorí, eso cuando el invierno no ha anegado la vía que los conecta. Cuando llegó como de costumbre, llamó a su casa a decir que había llegado sano y salvo, y emprendió el camino que sigue entre Anorí y su finca. Hasta ese momento tuvimos contacto con él. Pasó una semana hasta que el mayordomo de la finca llamó a mi hermano con vos temblorosa y le dijo, lo que, por la situación y los riesgos a que se enfrentaba mi padre, de una manera u otra, esperábamos que algún día sucediera.
“Don Jaime a su papá lo secuestraron”, dijo la vos entrecortada del otro lado de la bocina. “Nosotros bajábamos a llevar la plata que los elenos le habían pedido a su papa y allá lo dejaron”
Desde ese momento y durante dos meses, mi familia y yo pasamos una de las penas más grandes que la familia, como núcleo de una sociedad puede sufrir. Esa misma pena que según la presidencia de la republica, desde que comenzó el 2006 año hasta el 31 de mayo, están pasando 108 familias en todo el país, y eso sin contar los miles que aún siguen en cautiverio, desde quien sabe cuantos años.
De vuelta a Anorí, pueblo encumbrado en una de esas montañas alejadas en Antioquia. En donde, como dice el adagio popular, “muchos nacen pero pocos se crían”. Allí precisamente fue donde nació el Ejército de Liberación Nacional ELN, después del asesinato a manos del estado, de unos tales hermanos Vásquez Castaño.
Este precisamente fue el grupo que retuvo a mi padre, el mismo que según el GAULA tiene retenidos en esa misma zona a cerca de diez comerciantes. La gente los conoce como los elenos.
Esos mismos que están tratando de negociar una escurridiza paz con el gobierno, los mismos que prendieron candela a un pueblo entero cuando dinamitaron un oleoducto, esos mismos que tenían a un cura por comandante.
En fin que después de comidas todas las uñas y flaco de no comer, al noveno día de cautiverio llamaron a mi casa y preciso, me cogieron solo, eran eso de las ocho de la mañana y yo estaba aún entre dormido. “buenas mire, lo llamamos del Ejercito Nacional de Liberación ELN, es que nosotros tenemos retenido a su papá, llamó es haber como podemos arreglar pues pa´ entrégaselo”.
De ese momento en adelante comienza lo peor de este cuento. La negociación es la parte donde mas se apoderan de las pobres familias, amedrentan al que conteste y si lo cogen de capa caída, ese teléfono que uno tiene en la oreja, lo siente como un fusil AK 47 en la cien, se aprovechan del poder de la palabra y te dejan inmovilizado.
Afortunadamente en nuestro caso, hicimos todo un trabajo de inteligencia con mi familia y llegamos al acuerdo que el quien a llevar la negociación sería Néstor mi hermano. De ahí en más el estuvo al frente de ellos y nosotros haciéndole barra pa´ que no se dejara amedrentar.
Llamaban cuando les daba la gana pedían lo que les daba la gana, y eso si, decían las cosas de la manera mas simple pero también de la mas intimidante.
Así se pasaron los dos meses de cautiverio ellos jueguen con uno y uno resé lo que se sepa. Creo que conocí los santos que usted no se pueda imaginar, y no solo santos, desde ese tiempo tengo muchos elefantes pequeñitos en la pieza que por que son de buena suerte, tengo también un atrápasueños para las pesadillas que me atracaban a media noche, y además hasta un beato paisano mió, a marianito.
Ellos creían estar recateando como turcos por un trozo de marfil, nosotros teníamos para dar por la vida de mi padre un mísero trozo de marfil, pero querían tres de estos, el problema grave fue que no los teníamos. Y así el tira y afloja hasta que conseguimos la liberación por papá, como hacen, según el GAULA, el 98% de las familias de secuestrados.
El 20 de mayo nos fuimos todos hacia Yarumal, la entrega se haría en un corregimiento cercano, como no queríamos dar papaya, como dice el dicho, enviamos un carrito campero de un señor que trabaja por la zona a su encuentro, la espera fue terrible hasta que de pronto. Ring ring, sonó el teléfono, que hubo mijo dijo una vos quebrada de llanto del otro lado de la bocina, era él mi papa.
Vayan bajando que en 15 minutos estoy llegando, raudos y veloces salimos a su encuentro, ahí viene grito mi hermano, estábamos en una carretera destapada donde no se veía ni para conversar como diría mi papa, pero ahí estaba él, apenas vio a su familia reunida lloro y grito de la emoción, cundo me abrazo, me dijo al oído. “El día de morir ya paso, el día de la muerte fue hace dos días que me le iba a aventar al Nenchí”

1 comment:
Me ha fascinado, es la misma vida de mi familia, en el mismo Anori,
y de origen Yarumaleño.
He conocido las mismas cañadas, que su padre, y las mismas fincas de panela y ganado, con mulas pardas.
Le juro, que no soy un gallinazo para su alpiste.
Felicitaciones, lo bell es eterno y asi es su escrito.
Antono Builes antoniobuiles@gmail.com
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